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Murray confiesa por qué la figura de Nadal cambió su carrera

El británico cuenta, a partir de un par de anécdotas, cómo la figura del balear terminó siendo transcendental para dar un paso adelante en su carrera como jugador. Un paso adelante en todos los sentidos.

Murray confiesa por qué Nadal cambió en su carrera. Fuente: Getty

El pasado fin de semana se celebró en Manacor el primer Rafa Nadal Academy Slam, un evento donde Rafael Nadal se rodeó de buenos amigos dentro del circuito. Uno de ellos fue Andy Murray, quien ocupó un lugar un poco más importante dentro del plantel.

Y no hablo solamente de grandeza o palmarés, aquí tendríamos que entrar en comparaciones y esto no toca ahora. Más allá de que el escocés fuera el capitán del equipo contrario, su historia ha estado siempre ligada a la de Rafa. Compañeros de generación, eso lo sabemos todos, pero hay otros detalles que desconocemos. Por ejemplo, cómo la figura del español fue por momentos determinante para que Murray consiguiera evolucionar dentro de la pista. ¿Y cómo lo hizo? Simplemente, observándole.

“Me acuerdo de él desde que éramos niños”, recordó el británico durante el décimo aniversario de la Rafa Nadal Academy, pero lo verdaderamente interesante llegó cuando explicó qué veía en aquel chico mallorquín que ya empezaba a llamar la atención. “La primera vez que le vi jugar en torneos, era diferente de los demás”. Andy no hablaba todavía del Nadal campeón de 22 Grand Slams ni del hombre que acabaría conquistando Roland Garros en catorce ocasiones. Hablaba de un adolescente cuya actitud ya parecía pertenecer a otra categoría.

Murray se fijó especialmente en su concentración, en su madurez y en esa forma tan particular de competir que acabaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad del español. Aquella admiración no se quedaría en una anécdota, de hecho, tuvo consecuencias directas en su propia vida.

El día que Murray entendió qué tenía que cambiar

“Fue la razón por la que vine a entrenar a España”, confesó Murray. Con 15 años, el escocés se trasladó a Barcelona para entrenar durante dos años. Y todo comenzó con una conversación con Nadal. Murray le preguntó cómo era una semana normal de entrenamiento para él y la respuesta le dejó pensando. Rafa le explicó que iba al colegio por la mañana y que después entrenaba dos o tres horas por la tarde, además de tener la oportunidad de trabajar con Carlos Moyà, entonces número uno del mundo.

Cuando Nadal le devolvió la pregunta, Murray respondió que él entrenaba una hora, tres veces por semana, junto a su madre. La comparación fue suficiente. “Ahí entendí que tenía que cambiar algo”. Parece una frase sencilla, pero quizá esconda una de las decisiones más importantes de la carrera de un jugador que acabaría convirtiéndose en número uno del mundo y ganador de tres Grand Slams.

El destino quiso después que aquellos dos adolescentes se convirtieran en rivales durante más de una década. Se enfrentaron 24 veces en el circuito profesional, con 17 victorias para Nadal y 7 de Murray. Compartieron la época dorada del Big4, se disputaron finales, semifinales y partidos de máxima tensión, pero nunca llegaron a enfrentarse en una final de Grand Slam. El último capítulo competitivo de aquella rivalidad llegó en Madrid 2016, con victoria del británico.

Ahora, retirados los dos, queda algo mucho más valioso que aquel balance de enfrentamientos: la admiración. Murray volvió estos días a la Rafa Nadal Academy para celebrar su décimo aniversario y terminó formando parte de una escena que parecía imposible unos años atrás. Nadal y Andy, de nuevo con una raqueta en la mano, pero esta vez sin rankings, sin presión y sin nada que demostrar. Solo pura diversión.